Historia México

In nican ca tlamachilliztlatolzazanilli ye huecauh mochiuh- Aquí están las palabras-recuerdo que repiten lo que se sabe que sucedió en la antigüedad

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Máscara pectoral de Iha Mahu (Señor 7 lluvia),dios de los orfebres 
Tumba 7 Monte Albán/ Postclásico Tardío 1250-1521d.C / INAH

Máscara pectoral de Iha Mahu (Señor 7 lluvia),dios de los orfebres

Tumba 7 Monte Albán/ Postclásico Tardío 1250-1521d.C / INAH

15 notas

Los conventos solían utilizar marcas de fuego en los libros para identificar a quien pertenecían y evitar el robo.

Los conventos solían utilizar marcas de fuego en los libros para identificar a quien pertenecían y evitar el robo.

15 notas

Renuncia del Gral. Victoriano Huerta a la presidencia de México


Ciudadanos Diputados y Senadores:

Las necesidades indicadas por la Cámara de Diputados, por el Senado y la Suprema Corte, me hicieron venir a la Primera Magistratura de la República. Después, cuando tuve el honor, en este mismo recinto, de dirigirme a ustedes, en virtud de precepto constitucional, prometí hacer la paz a todo trance. Han pasado diecisiete meses y, en ese corto período de tiempo, he formado un ejército para llevar a cabo mi solemne promesa.

Todos ustedes saben las inmensas dificultades con que ha tropezado el Gobierno con motivo de la escasez de recursos, así como la protección manifiesta y decidida que un Gran Poder de este Continente ha dado a los rebeldes. A mayor abundamiento, estando destruida la Revolución, puesto que están divididos, y aún siguen estándolo, los principales directores de ella, buscó el Poder a que me refiero un pretexto para terciar directamente en la contienda, y esto dio por resultado el atentado de Veracruz por la Armada americana.

Se consiguió, como ustedes saben, arreglar decorosamente por nuestros comisionados en Niágara Falls el fútil incidente de Tampico, y la Revolución queda en pie sostenida por quien todos sabemos. Hay más: después de la labor altamente patriótica de nuestros representantes en Niágara Falls, hay quien diga que yo, a todo trance, busco mi personal interés y no el de la República; y como este dicho necesito destruirlo con hechos, hago formal renuncia de la Presidencia de la República.

Debe saber la Representación Nacional que la República, por conducto de su Gobierno, ha laborado con toda buena fe a la vez que con toda energía, puesto que ha conseguido acabar con un partido que se llama demócrata en los Estados Unidos, y ha enseñado a defender un derecho. Para ser más explícito, diré a ustedes que la gestión del Gobierno de la República, durante su corta vida, ha dado golpes de muerte a un poder injusto. Vendrán más tarde obreros más robustos y con herramientas, que acabarán, a no dudarlo, con ese poder que tantos perjuicios y tantos atentados ha cometido en este Continente.

Para concluir, digo que dejo la Presidencia de la República llevándome la mayor de las riquezas humanas, pues declaro que he depositado en el Banco que se llama Conciencia Universal, la honra de un puritano, al que yo, como caballero, le exhorto a que me quite esa mi propiedad.

Dios los bendiga a ustedes y a mí también.

México, julio 15 de 1914 
Renuncia del Gral. Victoriano Huerta a la presidencia de México
Ciudadanos Diputados y Senadores:
Las necesidades indicadas por la Cámara de Diputados, por el Senado y la Suprema Corte, me hicieron venir a la Primera Magistratura de la República. Después, cuando tuve el honor, en este mismo recinto, de dirigirme a ustedes, en virtud de precepto constitucional, prometí hacer la paz a todo trance. Han pasado diecisiete meses y, en ese corto período de tiempo, he formado un ejército para llevar a cabo mi solemne promesa.
Todos ustedes saben las inmensas dificultades con que ha tropezado el Gobierno con motivo de la escasez de recursos, así como la protección manifiesta y decidida que un Gran Poder de este Continente ha dado a los rebeldes. A mayor abundamiento, estando destruida la Revolución, puesto que están divididos, y aún siguen estándolo, los principales directores de ella, buscó el Poder a que me refiero un pretexto para terciar directamente en la contienda, y esto dio por resultado el atentado de Veracruz por la Armada americana.
Se consiguió, como ustedes saben, arreglar decorosamente por nuestros comisionados en Niágara Falls el fútil incidente de Tampico, y la Revolución queda en pie sostenida por quien todos sabemos. Hay más: después de la labor altamente patriótica de nuestros representantes en Niágara Falls, hay quien diga que yo, a todo trance, busco mi personal interés y no el de la República; y como este dicho necesito destruirlo con hechos, hago formal renuncia de la Presidencia de la República.
Debe saber la Representación Nacional que la República, por conducto de su Gobierno, ha laborado con toda buena fe a la vez que con toda energía, puesto que ha conseguido acabar con un partido que se llama demócrata en los Estados Unidos, y ha enseñado a defender un derecho. Para ser más explícito, diré a ustedes que la gestión del Gobierno de la República, durante su corta vida, ha dado golpes de muerte a un poder injusto. Vendrán más tarde obreros más robustos y con herramientas, que acabarán, a no dudarlo, con ese poder que tantos perjuicios y tantos atentados ha cometido en este Continente.
Para concluir, digo que dejo la Presidencia de la República llevándome la mayor de las riquezas humanas, pues declaro que he depositado en el Banco que se llama Conciencia Universal, la honra de un puritano, al que yo, como caballero, le exhorto a que me quite esa mi propiedad.
Dios los bendiga a ustedes y a mí también.
México, julio 15 de 1914 

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"…A media mañana del 2 de julio la palabra se le fue acabando y el pensamiento haciéndosele más y más incoherente. Parecía decir algo de la Noria, de Oaxaca. Hablaba de su madre: “Mi madre me espera.” El nombre de Nicolasa lo repetía una y otra vez. A las dos de la tarde ya no pudo hablar. Era una como parálisis de la lengua y de los músculos de la boca. A señas, con la intención de la mirada, procuraba hacerse entender. Se dirigía casi exclusivamente a Carmelita. “¿Cómo?” “¿Qué decía?” “¡Ah, sí: la Noria!” “¿Oaxaca?” “Sí, sí: Oaxaca; que allá quería ir a morir y a descansar.”
Se complació oyendo hablar de México: hizo que le dijeran que pronto se arreglarían allá todas las cosas, que todo iría bien. Poco a poco, hundiéndose en sí mismo, se iba quedando inmóvil. Todavía pudo, a señas, dar a entender que se le entumecía el cuerpo, que le dolía la cabeza. Estuvo un rato con los ojos entreabiertos e inexpresivos conforme la vida se le apagaba.Perdió el conocimiento a las seis. Por la ventana entraba el sol, cuyos tonos crepusculares doraban afuera las copas de los castaños: los rayos, oblicuos, encendían los brazos y el asiento de la silla y casi atravesaban la estancia. Era el sol cálido de julio; pero él, vivo aún, tenía ya toda la frialdad de la muerte. Carmelita le acariciaba la cabeza y las manos; se le sentían heladas. A las seis y media expiró, mientras a su lado el sol lo inundaba todo en luz. No había muerto en Oaxaca, pero sí entre los suyos. Rodeaban su cama Carmelita, Porfirito, Lorenzo, Luisa, Sofía, María Luisa, Pepe, Fernando González y los nietos mayores.Se llenó la casa con funcionarios de la República Francesa y con delegados de la ciudad de París. Vino el jefe del cuarto militar del presidente Poincaré; se presentó el general Niox, que había recibido a don Porfirio a su llegada a Francia y le había puesto en las manos la espada de Napoleón; desfilaron comisiones de los ex combatientes. Acababa de morir algo más que una persona ilustre: el pueblo de Francia rendía homenaje al hombre que por treinta años había gobernado a otro pueblo; el ejército francés traía un saludo para el soldado que medio siglo antes había sabido combatirlo. Pero eso era el valor oficial: el duelo íntimo quedaba reservado para el país remoto y presente. Porque lo más de la colonia mexicana de París acudió en el acto trayendo su reverencia, y otros hijos de México, al conocer la noticia, llegaron desde Londres, desde España, desde Italia.Quiso Carmelita que se hicieran honras fúnebres. El servicio religioso, a la vez solemne y modesto, se celebró en Saint-Honoré l’Eylau, y allí quedó depositado el cadáver en espera de su tumba definitiva. Año y medio después se sacaron los despojos para llevarlos al cementerio de Montparnasse. El sepulcro es una capilla pequeña, en cuyo interior, sobre una losa a modo de ara, se ve una urna de cristal que contiene un puño de tierra de Oaxaca. Por fuera, en lo alto, hay inscrita un águila mexicana, y debajo del águila un nombre compuesto de dos palabras. Rugía en México la lucha entre Venustiano Carranza y Francisco Villa. El 2 de julio Carranza recibió en Veracruz un telegrama que lo apartó un momento de las preocupaciones de la contienda. El mensaje venía de Nueva York y, conciso, decía así:“Señor Venustiano Carranza, Veracruz: Prensa anuncia estos momentos hoy siete de la mañana murió en Biarritz el general Porfirio Díaz. —Salúdolo afectuosamente.— Juan T. Burns.” “

Fuente: “Transito sereno de Porfirio Díaz” - Martín Luis Guzmán

"…A media mañana del 2 de julio la palabra se le fue acabando y el pensamiento haciéndosele más y más incoherente. Parecía decir algo de la Noria, de Oaxaca. Hablaba de su madre: “Mi madre me espera.” El nombre de Nicolasa lo repetía una y otra vez. A las dos de la tarde ya no pudo hablar. Era una como parálisis de la lengua y de los músculos de la boca. A señas, con la intención de la mirada, procuraba hacerse entender. Se dirigía casi exclusivamente a Carmelita. “¿Cómo?” “¿Qué decía?” “¡Ah, sí: la Noria!” “¿Oaxaca?” “Sí, sí: Oaxaca; que allá quería ir a morir y a descansar.”

Se complació oyendo hablar de México: hizo que le dijeran que pronto se arreglarían allá todas las cosas, que todo iría bien. Poco a poco, hundiéndose en sí mismo, se iba quedando inmóvil. Todavía pudo, a señas, dar a entender que se le entumecía el cuerpo, que le dolía la cabeza. Estuvo un rato con los ojos entreabiertos e inexpresivos conforme la vida se le apagaba.

Perdió el conocimiento a las seis. Por la ventana entraba el sol, cuyos tonos crepusculares doraban afuera las copas de los castaños: los rayos, oblicuos, encendían los brazos y el asiento de la silla y casi atravesaban la estancia. Era el sol cálido de julio; pero él, vivo aún, tenía ya toda la frialdad de la muerte. Carmelita le acariciaba la cabeza y las manos; se le sentían heladas. A las seis y media expiró, mientras a su lado el sol lo inundaba todo en luz. No había muerto en Oaxaca, pero sí entre los suyos. Rodeaban su cama Carmelita, Porfirito, Lorenzo, Luisa, Sofía, María Luisa, Pepe, Fernando González y los nietos mayores.

Se llenó la casa con funcionarios de la República Francesa y con delegados de la ciudad de París. Vino el jefe del cuarto militar del presidente Poincaré; se presentó el general Niox, que había recibido a don Porfirio a su llegada a Francia y le había puesto en las manos la espada de Napoleón; desfilaron comisiones de los ex combatientes. Acababa de morir algo más que una persona ilustre: el pueblo de Francia rendía homenaje al hombre que por treinta años había gobernado a otro pueblo; el ejército francés traía un saludo para el soldado que medio siglo antes había sabido combatirlo. Pero eso era el valor oficial: el duelo íntimo quedaba reservado para el país remoto y presente. Porque lo más de la colonia mexicana de París acudió en el acto trayendo su reverencia, y otros hijos de México, al conocer la noticia, llegaron desde Londres, desde España, desde Italia.

Quiso Carmelita que se hicieran honras fúnebres. El servicio religioso, a la vez solemne y modesto, se celebró en Saint-Honoré l’Eylau, y allí quedó depositado el cadáver en espera de su tumba definitiva. Año y medio después se sacaron los despojos para llevarlos al cementerio de Montparnasse. El sepulcro es una capilla pequeña, en cuyo interior, sobre una losa a modo de ara, se ve una urna de cristal que contiene un puño de tierra de Oaxaca. Por fuera, en lo alto, hay inscrita un águila mexicana, y debajo del águila un nombre compuesto de dos palabras. Rugía en México la lucha entre Venustiano Carranza y Francisco Villa. El 2 de julio Carranza recibió en Veracruz un telegrama que lo apartó un momento de las preocupaciones de la contienda. El mensaje venía de Nueva York y, conciso, decía así:

“Señor Venustiano Carranza, Veracruz: Prensa anuncia estos momentos hoy siete de la mañana murió en Biarritz el general Porfirio Díaz. —Salúdolo afectuosamente.— Juan T. Burns.” “

Fuente: “Transito sereno de Porfirio Díaz” - Martín Luis Guzmán

10 notas

Señor presidente Kennedy,
señoras y señores:


 Me complace, en nombre del gobierno y del pueblo de México, saludar al presidente de los Estados Unidos de América, la gran nación vecina, con la que nos liga una amistad que el tiempo y un nuevo espíritu de comprensión va llenando de contenido histórico y haciéndonos conscientes de la responsabilidad común que esa vecindad entraña.  

Me complace que al haber aceptado la invitación que le hice, visite usted México, y no sólo al gobierno, sino al verdadero dueño de la casa, al pueblo de México, del que los gobernantes sólo somos y aspiramos a ser fieles intérpretes y servidores esforzados….


http://tlamatqui.blogspot.mx/2014/06/discurso-del-presidente-adolfo-lopez.html
Señor presidente Kennedy,
señoras y señores:
 Me complace, en nombre del gobierno y del pueblo de México, saludar al presidente de los Estados Unidos de América, la gran nación vecina, con la que nos liga una amistad que el tiempo y un nuevo espíritu de comprensión va llenando de contenido histórico y haciéndonos conscientes de la responsabilidad común que esa vecindad entraña.  
Me complace que al haber aceptado la invitación que le hice, visite usted México, y no sólo al gobierno, sino al verdadero dueño de la casa, al pueblo de México, del que los gobernantes sólo somos y aspiramos a ser fieles intérpretes y servidores esforzados….
http://tlamatqui.blogspot.mx/2014/06/discurso-del-presidente-adolfo-lopez.html

11 notas

Telegrama de Tacubaya para Potosí, Junio 21 de 1867 .- Recibido a las 3 horas 3 minutos de la tarde.
 
Sr. Ministro de Guerra. - Tengo el honor de participar a Ud. que la plaza de México se ha rendido,  y sus defensores quedaron como prisioneros de guerra, a disposición del Supremo Gobierno. En este momento salgo para la ciudad, con objeto de dictar las órdenes convenientes para la seguridad de la tranquilidad pública. Sírvase Ud. poner lo expuesto en el superior conocimiento del C. Presidente de la República, para que se sirva disponer lo que crea conveniente resolver de los prisioneros, suplicándole encarecidamente que se digne apresurar la traslación del gobierno a la capital. Díaz.
Telegrama de Tacubaya para Potosí, Junio 21 de 1867 .- Recibido a las 3 horas 3 minutos de la tarde.
 
Sr. Ministro de Guerra. - Tengo el honor de participar a Ud. que la plaza de México se ha rendido,  y sus defensores quedaron como prisioneros de guerra, a disposición del Supremo Gobierno. En este momento salgo para la ciudad, con objeto de dictar las órdenes convenientes para la seguridad de la tranquilidad pública. Sírvase Ud. poner lo expuesto en el superior conocimiento del C. Presidente de la República, para que se sirva disponer lo que crea conveniente resolver de los prisioneros, suplicándole encarecidamente que se digne apresurar la traslación del gobierno a la capital. Díaz.

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8 notas

historiamexico:

En su momento el Gral .Antonio López de Santa Anna fue considerado el “único hombre capaz de salvar a México de la desintegración”. Durante sus presidencias entre 1833 -1855 dejaría dicho cargo en 11 ocasiones como en 1835 durante la rebelión texana y en 1846 durante la intervención estadounidense para hacerse cargo del ejército o simplemente para descansar en su hacienda, por lo que en realidad gobernó el país 5 años, 8 meses y 21 días.
En palabras de Don Agustín Yánez :  “ Los defectos de Santa Anna fueron las virtudes que le valieron – según la estimativa subjetivista de su época, que a su vez hallaba defectos en las virtudes de otros contemporáneos – la preponderancia pública . Ningún otro personaje reflejaba mejor las aspiraciones desorbitadas y los vicios bien hallados con el estilo anárquico de aquella sociedad, por ninguno halagada como por éste. A distancia de un siglo y del aluvión de pasiones, nos hemos acostumbrado a sólo ver las miserias de aquel hombre y de aquella sociedad, por una parte sin enmarcarlas en su panorama temporal, y por otra parte, olvidando y negando las virtudes auténticas en que se apoyaba la refracción caprichosa del juicio popular; porque si bien es cierto que intervenía poderosamente la exaltada imaginación , que confundía la realidad con el deseo, no todo podía ser subjetivismo “
Proclamado el Plan de Ayutla se vio obligado a renunciar en 1855 , intenta regresa al país en 1864 pero los franceses le impiden desembarcar y en 1867 los republicanos lo aprehenden en Yucatán.
 Gestiones de Joaquín Alcalde y de sus esposa Doña Dolores Tosta con el presidente Sebastián Lerdo de Tejada permitieron su regreso a México en 1874.  Al llegar a Veracruz el 27 de febrero de 1874, su cuñado Bonifacio Tosta era la única persona que lo esperaba al desembarcar , llega a la capital el 7 de marzo de 1874 y se hospeda en la casa de la calle Vergara 8 (Hoy Bolívar 14). 
 Se dice que el General solía pasear por las calles de la Ciudad de México y que jóvenes en son de broma le proponían hacer una revolución para que volviera a la presidencia y les contestaba: “Hay que esperar, hijos míos, no es éste el momento; hay que esperar”.
El 21 de junio de 1876  con 82 años de edad muere en la Ciudad de México  ”Su Alteza Serenísima” como el mismo se autoproclamó . Como lo dijo en cierta ocasión„ su nombre “siempre será recordado por los mexicanos de todas las generaciones”  tanto por quienes lo culpan de las desgracias del país o por quienes consideran que un estudio más amplio sobre su vida permitirá no sólo comprender más sobre éste mexicano sino sobre la evolución política de México.

historiamexico:

En su momento el Gral .Antonio López de Santa Anna fue considerado el “único hombre capaz de salvar a México de la desintegración”. Durante sus presidencias entre 1833 -1855 dejaría dicho cargo en 11 ocasiones como en 1835 durante la rebelión texana y en 1846 durante la intervención estadounidense para hacerse cargo del ejército o simplemente para descansar en su hacienda, por lo que en realidad gobernó el país 5 años, 8 meses y 21 días.

En palabras de Don Agustín Yánez :  “ Los defectos de Santa Anna fueron las virtudes que le valieron – según la estimativa subjetivista de su época, que a su vez hallaba defectos en las virtudes de otros contemporáneos – la preponderancia pública . Ningún otro personaje reflejaba mejor las aspiraciones desorbitadas y los vicios bien hallados con el estilo anárquico de aquella sociedad, por ninguno halagada como por éste. A distancia de un siglo y del aluvión de pasiones, nos hemos acostumbrado a sólo ver las miserias de aquel hombre y de aquella sociedad, por una parte sin enmarcarlas en su panorama temporal, y por otra parte, olvidando y negando las virtudes auténticas en que se apoyaba la refracción caprichosa del juicio popular; porque si bien es cierto que intervenía poderosamente la exaltada imaginación , que confundía la realidad con el deseo, no todo podía ser subjetivismo “

Proclamado el Plan de Ayutla se vio obligado a renunciar en 1855 , intenta regresa al país en 1864 pero los franceses le impiden desembarcar y en 1867 los republicanos lo aprehenden en Yucatán.

 Gestiones de Joaquín Alcalde y de sus esposa Doña Dolores Tosta con el presidente Sebastián Lerdo de Tejada permitieron su regreso a México en 1874.  Al llegar a Veracruz el 27 de febrero de 1874, su cuñado Bonifacio Tosta era la única persona que lo esperaba al desembarcar , llega a la capital el 7 de marzo de 1874 y se hospeda en la casa de la calle Vergara 8 (Hoy Bolívar 14). 

 Se dice que el General solía pasear por las calles de la Ciudad de México y que jóvenes en son de broma le proponían hacer una revolución para que volviera a la presidencia y les contestaba: “Hay que esperar, hijos míos, no es éste el momento; hay que esperar”.

El 21 de junio de 1876  con 82 años de edad muere en la Ciudad de México  ”Su Alteza Serenísima” como el mismo se autoproclamó . Como lo dijo en cierta ocasión„ su nombresiempre será recordado por los mexicanos de todas las generaciones”  tanto por quienes lo culpan de las desgracias del país o por quienes consideran que un estudio más amplio sobre su vida permitirá no sólo comprender más sobre éste mexicano sino sobre la evolución política de México.

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Hauteville, 20 de junio de  1867

Al Presidente de la República Mexicana:

Juárez, vosotros habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes, John Brown y vosotros.  John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vosotros por quien ha vencido la libertad. México se ha salvado por un principio y por un hombre.  El principio es la República; el hombre sois vosotros. Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos termina por abortar. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro.

Europa, en 1863, se arrojó sobre América. Dos monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como en tierra; que tenía el respaldo de todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente orgulloso de su bandera; que poseía en abundancia caballos, artillería, abasto, municiones formidables.  Del otro lado, Juárez.

Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos.  Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones.  Los matorrales por ciudades.  Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido. La usurpación con el casco en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza.  El derecho solo y desnudo. Vosotros, el derecho, habéis aceptado el combate…. 

http://tlamatqui.blogspot.mx/2012/06/carta-de-victor-hugo-benito-juarez-20.html
Hauteville, 20 de junio de  1867
Al Presidente de la República Mexicana:
Juárez, vosotros habéis igualado a John Brown. La América actual tiene dos héroes, John Brown y vosotros.  John Brown, por quien ha muerto la esclavitud; vosotros por quien ha vencido la libertad. México se ha salvado por un principio y por un hombre.  El principio es la República; el hombre sois vosotros. Por otra parte, el fin de todos los atentados monárquicos termina por abortar. Toda usurpación comienza por Puebla y termina en Querétaro.
Europa, en 1863, se arrojó sobre América. Dos monarquías atacaron vuestra democracia: la una con un príncipe, la otra con un ejército, el más aguerrido de los ejércitos de Europa, que tenía por punto de apoyo una flota tan poderosa en el mar como en tierra; que tenía el respaldo de todas las finanzas de Francia, recibiendo reemplazos sin cesar; bien comandado; victorioso en África, en Crimea, en Italia, en China, valientemente orgulloso de su bandera; que poseía en abundancia caballos, artillería, abasto, municiones formidables.  Del otro lado, Juárez.
Por una parte dos imperios, por la otra un hombre. Un hombre con sólo un puñado de hombres. Un hombre arrojado de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, de rancho en rancho, de bosque en bosque, amenazado por la infame fusilería de los consejos de guerra, perseguido, errante, atacado en las cavernas como una bestia feroz, acosado en el desierto, proscrito. Por generales, algunos desesperados; por soldados, algunos desnudos.  Ni dinero, ni pan, ni pólvora, ni cañones.  Los matorrales por ciudades.  Aquí la usurpación llamándose legitimidad; allá el derecho, llamándosele bandido. La usurpación con el casco en la cabeza y la espada imperial en la mano, saludada por los obispos, precedida delante de ella y arrastrando tras ella, todas las legiones de la fuerza.  El derecho solo y desnudo. Vosotros, el derecho, habéis aceptado el combate…. 

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